Los medios de comunicación de masas tienen entre sus múltiples funciones la de analizar a los personajes mediáticos más relevantes, entre ellos se incluye a las mujeres políticas españolas, tanto su historia, como su discurso, como su imagen. La presencia de las mujeres en la vida política española va aumentando con el paso de los años. A partir del primer gobierno de zapatero y la Ley Orgánica para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, que impide que haya más de un 40% de candidatos en una lista política de un mismo sexo, hace que la igualdad se aprecie un poco más en la política. La causa por lo que la igualdad de sexos en el gobierno de nuestro país ha tardado tanto en incorporarse es debida sobre todo a los cuarenta años de dictadura.
Sin
embargo, a pesar de que la paridad de sexos empieza a ser un hecho en el
gobierno español la prensa no lo retracta de la misma manera, ya que la voz que
se da en los medios de comunicación es siempre mayor para los hombres que para
las mujeres que forman parte del poder. No obstante, las políticas de los
puestos más altos del gobierno español sí están presentes en los medios. Pero
cuando una mujer sale no siempre lo hace con carácter de política, sino que la
mayoría de las veces estos se centran en su vida privada, dejando a un lado lo
que es verdaderamente interesante acerca de ella y lo que realmente nos afecta,
su profesión y cómo gestiona su función desde su puesto de trabajo.
Según
los análisis cualitativos de la representación de las mujeres políticas el
aspecto, su forma de vestir, y su poca o mucha feminidad son los conceptos que
se toman en cuenta a la hora de hacer valoraciones sobre ellas, sin embargo, la
apariencia no es una faceta clave cuando se realiza una calificación de este
tipo en los políticos hombres. Otro signo de diferencia de trato entre hombres
y mujeres políticos en los medios, se encuentra a la hora de nombrarlos,
mientras que a los hombres les llaman por su apellido, a las mujeres se lo
suelen cortar, es el caso de Soraya Sáez de Santamaría, a la cual se refieren
normalmente por Soraya solamente.
El
hecho de que no nos centremos tanto en su trabajo, sino en su vida privada, más
que en su formación, o en sus méritos profesionales para llegar hasta ahí, deriva
del anclaje de las mujeres a otras labores que no sean de poder. De esta forma se le da más importancia a su superficialidad, forma
de vestir, compostura, o elegancia y a su familia, si es soltera, casada, o
tienes hijos, con la finalidad de ver si alguno de estos factores de su vida
privada podrían influir en su profesionalidad.
Así
bien, los medios de comunicación son el medio de contacto entre los ciudadanos
y los políticos, por esta razón la imagen que se da en ellos es tan importante
y se tiene tan en cuenta. Pero no son los únicos que están anclados en el
pensamiento que subordina a las mujeres. Por ejemplo en la enseñanza, los
libros, siempre muestras las hazañas de los hombres, que si bien es cierto en
el trascurso de la historia han sido protagonistas, siempre han tenido una
mujer al lado digna de un merecido reconocimiento por haber colaborado, a la
vez que muchas de ellas ya eran valerosas por sí mismas, no teniendo nunca un
reconocimiento igual.
En
numerosas ocasiones se cometen abusos de los patrones culturales, ya que
dejándose llevar por los prototipos aceptados en la sociedad encajonamos a las
personas en roles que no se identifican con ellos. Como es el caso de que los
hombres tienen mayor valor para mandar y están mejor preparados, cuando en
realidad esto no depende tanto del sexo, como de las características personales
de cada individuo. Así, se comete una injusticia con las mujeres no creyendo en
ellas para altos puestos de valor.
Por
esta razón muchas veces las mujeres intentan masculinizarse, creyendo que de
esta forma serán mejor vistas para un cargo importante, sin embargo, una mujer
debería demostrar que es apta para ese puesto con la condición de que es mujer,
que su sexo no le impida señalar que es igual que un hombre. No obstante, los
datos reflejan que hay menos mujeres en posición de líderes que hombres, por
ello carecen de modelos femeninos con los que identificarse, esto es lo que
lleva a pensar que en ocasiones se dejen llevar por las normas masculinas. El
autor Subirats habla de “travestismo”, así como García León cree que las
mujeres se “aculturan” en el modelo masculino del poder, dejando a un lado los
comportamientos femeninos tradicionales.
Lo
que se trata de conseguir ahora es que los medios de comunicación dejen a un lado
ese pasado centrado en la vida privada de las parlamentarias españolas, para
comenzar a prestar atención a su discurso, su retórica y a su menaje. El
análisis de ese discurso es lo que se postula como objetivo primordial para que
los medios de comunicación puedan hacer del trabajo de las políticas españolas
noticias, entrevistas, o reportajes. Dejando a un lado las exclusivas basadas
en su vida privada, que nada tienen que ver con la labor que nos concierne de
ellas.
Este
concepto lo definió muy bien la periodista Soledad Gallego Díaz en un artículo
en El País, el 2 de abril de 2005: “Que se note”, “No hay nada más tonto que la
preocupación de muchas mujeres que ocupan cargos de relevancia política,
económica o profesional porque “no se les note” que son mujeres. Ya es hora
precisamente de lo contrario. Efectivamente, negar la diferencia sexual
femenina y que las mujeres hagan como si fueran hombres es un empeño destinado
al fracaso. Mires hoy hacia donde mires, la mujer política tiene menos
visibilidad mediática, en respuesta a su menor protagonismo político. Una
realidad que verifica que los cargos políticos de los que se informa en los
medios de comunicación se refieren mayoritariamente a cargos ocupados por
hombres.”
Como
fue el caso de la ministra Carme Chancón, cuando fue designada para la cartera
de defensa, hubo una alteración en la ciudadanía porque una mujer se iba a
ocupar de un puesto que históricamente había pertenecido a un hombre. Y no solo
en lo que al mando se refiere, sino al conjunto de la vida militar, todavía
estereotipado como un trabajo de varones. Tanto es así que uno de los hechos
con más repercusión de su mandato no fue nada relacionado con su trabajo, sino con
como fue vestida el día de la pascua militar, ya que optó por un traje de
chaqueta, más propio de un nombre, que un vestido largo, que hubiese sido lo
que una mujer debería llevar.
De
esta forma gran parte de la literatura que estudia a las mujeres advierte que
ejercen una forma de poder diferente, que son líderes de forma distinta a los
hombres.
Así,
hay más diferencia entre un hombre y una mujer que entre personas del mismo
sexo de distintos lugares. Según la psicóloga McGuinness, los hombres realizan
mejor las labores visuales-espaciales, Loden Aoya apunta que los hombres
aprenden a mandar utilizando cualidades visuales, son estrategas, mientras que
las mujeres dominan en aquellas que precisan del lenguaje, y mantienen
relaciones productivas las mujeres son mejores comunicadoras, por el contrario
los hombres actúan mejor. Afirmando esto Judy Rosener, indica que las mujeres
tienen un liderazgo menos agresivo, más dialogante y menos autoritario, estimulando
la participación en el trabajo.
Por
ello y según Ramos se podría decir que las relaciones de jerarquía entre
hombres y mujeres siguen un patrón tradicional, ellos se centran más en el
control del poder y ellas en la relación con las personas. No obstante, hay
tendencias que apuntan que no son tan diferentes.


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