| Ryszard Kapuscinski |
A los 17 años comenzó su carrera en la revista polaca Hoy
y mañana. En el año 1951 inició sus estudios de Historia en la Universidad de
Varsovia, y tiene un máster en Arte. Sus
puestos de trabajo en periódicos le sirvieron como escuela para convertirse en
un joven con grandes dotes periodísticas y con una gran habilidad de comunicar.
Fue enviado a Beijing como corresponsal en 1956, pero debido a los disturbios
que se sucedieron tuvo que volver antes de tiempo. Tanto el periodismo como la
historia tienen como objetivo comunicar al lector una realidad, ya sea del
presente, o del pasado, o gracias a la investigación y la experiencia,
podríamos hablar incluso del futuro.
Desde 1959 hasta 1981 colaboró con una gran variedad
de periódicos y revistas internacionales: Time, The New York Times
y Frankfurter Allgemeine Zeitung, al tiempo que trabajaba para la
agencia de noticias polaca Polish Press como corresponsal en África. El
prestigio como periodista lo ganó tras cubrir la guerra civil de El Congo en
1958. Kapuscinski permaneció en África 6 años como enviado, lo que le convirtió
en un experto en el continente, siendo capaz de prever lo que va a suceder, ya
que conocía todos los asuntos gracias a que anteriormente había leído mucho
sobre la zona, además de todo lo que había vivido, puesto que él solo escribía
sobre lo que había experimentado.
También trabajó en Asía y en América Latina, y estuvo
en las repúblicas del Cáucaso del sur de la URSS, además desde 1962 a su faceta
periodística, tras haber estudiado historia se suman su actividad literaria, la
consecuencia de este viaje es el libro Kirgiz caballo fuera, en 1968. Un
tiempo después estuvo cinco años en América Latina, como corresponsal en Chile,
Brasil, México, y la guerra de Honduras y el Salvador, cuyo resultado fue La
guerra del fútbol, 1978, y tres años antes Cristo con un fusil al hombro,
1975. En 1974 visitó Asia y en 1975 África de nuevo, con relación a este
periodo de tiempo vieron la luz los libros Emperador, 1978 y Sha de
Shas 1982. Estos libros son la máxima expresión de Kapuscinski a la hora de
combinar el reportaje con la novela
Kapuscinski es autor de diecinueve libros, de los
cuales ha vendido casi un millón de ejemplares y traducidos a varios idiomas.
El escritor cuenta también con una colección de poemas Notas, 1986 y Lapidario,
1990, además a lo largo de su vida va escribiendo más lapidario, hasta llegar
al V. Empire, en 1993, donde cuenta en un viaje a las repúblicas del sur
de la antigua URSS los cambios que se produjeron, reflejando Georgia,
Afganistán, Kirguistán. En el libro Ebony, 1998 retoma el tema de
África, el que incluyen muchos de sus libros, ya que es el continente donde más
tiempo pasa, y el que más interesante le parece, por todo el proceso de
descolonización. En el año 2000 se adentra en el mundo de la fotografía, y hace
así un álbum de fotos con imágenes de África. El libro que escribe en 2003, Autorretrato,
muestra como es un reportero. Mientras que en 2004 publica Viajes con
Herodoto y en 2006 los volúmenes de poesía Leyes de la Naturaleza.
Ebano y La guerra del fútbol son dos
reportajes con los que Kapuscinski convirtió la crónica en literatura.
Compaginando su
labor periodística y de escritor Kapuscinski también fue docente, ya que
impartió clases en la Universidad de Caracas (1978), en la Temple University de
Filadelfia (1988) como profesor visitante y fue lector en Harvard, Londres,
Canberra, Bonn y la British Columbia University de Vancouver.
A lo largo de su carrera ha recibido una gran variedad
de galardones y ha sido reconocido en diferentes países: el premio Alfred
Jurzykowski (Nueva York 1994), Hansischer Goethe (Hamburgo, 1998), Imegna
(Italia, 2000), Prix de l’Astrolabe, J Parandowski del Pen Club y el Premio
Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades (España, 2003).
Ryszard Kapuscinski falleció a los 75 años de edad en
Varsovia el 23 de enero de 2007.
La obra de Ryszard Kapuscinski es considerada como un
conjunto de grandes composiciones diferentes, ya que abarca desde el ámbito
periodístico guiado por la historia, hasta la fotografía, pasando por lo
literario, concretamente en la poesía es donde podemos ver otro Kapuscinski
totalmente diferente. En Polonia, la obra del autor se ubica dentro del
género de literatura faktu, o literatura de hechos. Pero no era un
tema que le preocupase: "No me preocupa en absoluto qué género literario va a
ser éste. Simplemente quiero escribir un texto que, según mi parecer y mi
experiencia, sea el más cercano y el más fiel a lo que me rodea. Cómo será
clasificado y qué nombre le den es ya asunto de los críticos y de los
investigadores, no mío"
La poesía se aproxima más a la persona, a sus
sentimientos, se puede leer como algo más personal, son escenas de su pasado, y
reflexiones más íntimas, sobre sí mismo y el mundo que le rodea. Hay una gran
diferencia, ya que mientras en sus reportajes el autor se ve como alguien
valiente es en la poesía donde se muestra más débil. Según él mismo hay
sentimientos que solo se pueden expresar por medio de este canal. Sin embargo, la
poesía requería mucho tiempo, y su trabajo como corresponsal eclipsaba esta
labor.
En una entrevista con el poeta polaco Jarosław
Mikołajewski dijo: "Escribir poesía
es para mí un lujo que raras veces me puedo permitir. Porque al escribir poesía
encontramos en nosotros una otredad que no sospechábamos antes de sentarnos
ante el papel. Escribir poesía es un tipo de descubrimiento sorprendentemente
valioso en uno mismo y de uno mismo. Es una extraña y preciosa sensación”. Kapuscinski (2008: 210).
Gracias a su conocimiento poético sus seguidores se
trasladan a un mundo mágico. En sus escritos prescinde de la prosa periodística
convencional, por ejemplo no acostumbra a dar un listado de personajes o datos
exactos con fechas concretas.
Cada nuevo arte en el que Kapuscinski se adentraba
complementaba los anteriores, una buena foto siempre enriquece un reportaje, o
inspira para un poema.
"Cuando, como periodista recojo materiales para una crónica y
hablo con el jefe de un clan, me interesan sus opiniones, sus impresiones, sus
pensamientos. Pero si voy a su encuentro como fotógrafo me interesan cosas muy
distintas: la forma de su cabeza, los rasgos de su rostro o la expresión de sus ojos"
Además sabía relacionar a la perfección sus
conocimientos históricos con sus vivencias, así como los grandes
acontecimientos que se sucedían con lo que vivían los ciudadanos de a pie,
reflejado en una de sus frases: "No
se puede escribir de alguien con quien no has compartido como mínimo algún
momento de su vida".
Se puede ver una evolución en su forma de
contar, al principio prestando más atención en los hechos lineales y después
mostrando más interés por los aspectos culturales y sociológicos de la zona en
la que se encontraba.
"Cuando me preguntan qué es lo que yo escribo, yo les digo que escribo
textos. El problema de los géneros y las terminologías es que tienen diferentes
sentidos en diferentes idiomas y culturas. En nuestra tradición literaria no tenemos
esta distinción que hay en América latina entre la crónica y el reportaje.
Entonces nunca pensé en si quería ser escritor o si quería ser periodista.
Cuando me sentaba, no pensaba en que iba a escribir una novela o un reportaje o
un ensayo. Yo sólo quería escribir bien pero recuerdo que de vez en cuando
sus libros están plagados de moscas literarias que sobrevuelan los ojos de sus
lectores distrayéndolos de la tensión de una escena trágica.”
Tenía una gran capacidad de análisis socioculturales,
sobre todo en el tema de la descolonización del tercer mundo, junto con los
dotes de un gran cronista. Asimismo en los últimos años de su vida se
interesaría por el cambio que el periodismo estaba sufriendo a consecuencia de
la globalización y las nuevas tecnologías “Porque
nosotros nos vamos y nunca más regresamos, pero lo que escribimos sobre las
personas se queda con ellas por el resto de su vida...”.


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