A las 12:19 minutos, del viernes 29 de noviembre de 2013, la televisión
pública valenciana pasó a la historia. La imagen se congeló y luego se fundió
en negro. El Gobierno valenciano logró cerrar las emisiones gracias a una orden
judicial. Más de 12 horas estuvieron los trabajadores retransmitiendo la
crónica de una muerte anunciada de 24 años de historia. Hasta el último suspiro
se mantuvieron en sus puestos de trabajo. Solo una orden judicial consiguió
doblegar su resistencia. Los gritos de indignación se mezclaron con las
lágrimas de los empleados en el estudio, mientras los liquidadores designados
por la Generalitat entraron con escolta policial en el control central de
emisiones con la intención de clausurar RTVV.
Así nos contaba El País el cese de emisión de Canal 9, ahora nos toca reflexionar
sobre lo ocurrido: ¿Esto es lo que queremos? ¿Hasta qué punto vamos a aguantar
esta tensa situación? Desde que comenzó la crisis, pongamos como fecha de
referencia el año 2008, no se ha parado de cerrar medios, ya no solo de
aquellos que pertenecen a empresas privadas sino también públicos. Un ejemplo
claro, Canal 9, televisión pública desde hacía 22 años que se fundó, siendo la
primera cadena autonómica que se establecía en España, un ejemplo y referencia
para todos, fuimos espectadores de su final y cuyos trabajadores veían como se
prescindía de sus puestos para siempre. Con esto, no solo estamos cerrando
medios sino que al mismo tiempo la verdad se ve coartada, los ciudadanos tendrán
un sitio menos al que acudir para conocer lo que ocurre en el mundo.
Es fácil recordar lo tanto escuchado de un tiempo a esta parte, “sin
periodismo no hay democracia”, no hagamos de esto una dictadura informativa en
la que solo haya una voz, y no la que nosotros queramos, sino la que ellos
quieran.


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