lunes, 2 de diciembre de 2013

Nos merecemos un cambio

El periodismo ha cambiado, la profesión se ha visto inmersa en un avance tecnológico acompañado de un cambio de época que gira en torno al poder económico. La información ha dejado de ser una constante búsqueda de la verdad que lo que pretende es ayudar a los ciudadanos a conocer con mayor profundidad lo que sucede en el mundo, a ser un negocio en el que prima la especulación y el cinismo, algo curioso ya que como postula el autor un periodista no puede ser cínico. Pero si bien es cierto, partimos del punto en el que la ética se ha quedado en casa cuando nosotros salimos a dar la noticia y donde los intereses de los grandes directores que apenas saben del mundo del periodismo y mucho menos de la verdad se dejan llevar y navegan por ese mundo de intereses económicos y políticos. Que al fin y al cabo no hacen otra cosa que mostrar a través de los medios de comunicación un mundo imaginario en el que ni siquiera ellos viven. 

Y resulta abrumador, sobre todo cuando uno echa la vista atrás y observa con detenimiento como hemos cambiado, de qué forma hemos avanzado y todo lo que con ello podríamos lograr. Gracias a los avances tecnológicos, a los conglomerados de medios y a las redes sociales, vivimos en un mundo que podría estar interconectado y en el que la verdad debería ser una luz de las que nunca se apagan. Pero no todo es tan fácil como parece, se sigue apostando por las bombillas de bajo consumo que se van iluminando poco a poco; al igual que la verdad que para ver la luz necesita tiempo y encontrarse con gente con principios, difícil en estos momentos que vivimos. Muchas noticias de gran interés quedan guardadas en un fichero olvidadas en algún lugar oscuro de los despachos del fondo, mientras no se cuente, no existe, no se piensa en ello y la mentira no es más que esa parte de la verdad que se oculta y de esta forma el periodismo se aleja de su meta que no es otra que la búsqueda de la misma. 

No obstante, no es solo el periodismo el que se aleja de su fin, sino el propio periodista cuyo objetivo era comunicar de una forma veraz se distancia de lo que primeramente tiene que ser un gran periodista: buena persona, que trate de dirigirse a la gente de manera correcta, que los comprende. 

Vivimos en un tiempo en el que nos ha tocado la reinvención del periodismo. Tenemos todos los medios para hacer un periodismo de calidad, para saber lo que sucede a nuestro lado y al otro del planeta, para informar correctamente, para conocer la verdad. Y todo esto solo siguiendo tres pasos: dejar a un lado los intereses económicos, el lastre de esta sociedad; el segundo mucha paciencia; y el tercero, trabajar muy duro. Solo así nuestra verdad, la del mundo, verá la luz, se mantendrá iluminada y se difundirá a través de medios de comunicación. El periodismo que nos merecemos es posible.

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